martes, 22 de julio de 2008

Libre Albedrío: El Laberinto de la Existencia



Una sala negra y oscura, barrotes metálicos de un laberinto iluminando el espacio, imágenes proyectadas en la pared bajo la suave música. Esta es la muestra de Alicia Larraín: Libre Albedrío, un espacio para reflexionar, que termina por hacernos las mismas preguntas de siempre: ¿qué somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Al entrar a la sala del Museo de Bellas Artes de inmediato las percepciones se ponen en alerta. “El arte moderno nos entrega lecciones, conceptos no experimentados, ni soñados; despierta tus sentimientos y virtudes”, expresa uno de los visitantes.
La luminosidad del hall central y el brillo del mármol se reemplazan por paredes pintadas de negro y un perímetro de frases en rojo que rodea los muros.

El foco de todo: la alta estructura tridimensional y transparente que nos invita a adentrarnos en la maraña de nuestras conciencias, y a expandir los límites de la razón. Así, el sujeto se ve obligado a cuestionar la instalación y a decidir si entrar o no en el juego de la artista.

Un grupo de turistas se pasea por la exposición, la guía comparte su propia vivencia, “ustedes van haciendo su propio camino”; cada uno tendría la capacidad de resolver si tomar los atajos que aparecen cuando llega la duda.

Arturo Duclos lo expone, “o te introduces o no, o piensas o no, o te quedas o te vas, o te preguntas o callas”. De hacerlo, deberá recorrer las bifurcaciones y entramados del laberinto, hasta llegar finalmente al centro, donde mirará hacia el techo y verá su propia imagen reflejada en el espejo. “Cada uno se representa a sí mismo y se expone a ser visto y reflejado en el seductor acertijo de los espejos, que nos devuelven constantemente nuestras propias paradojas”.

Libre Albedrío juega con los cuestionamientos propios del ser humano, con esas preguntas que nos hacemos en el mundo de la vigilia y en sueños, con las dudas y temores del día a día.

Duclos dirá, “no solo es el juego de opciones del hombre, al que alude el enigma que nos hace la artista. Es la gran metáfora de la historia del hombre arrojado a la incerteza del conocimiento, el logos de la incertidumbre, donde las respuestas son los acertijos medievales que nos devuelven a la comedia del arte, como representación plena de la gran farsa humana”.

El sujeto, lleno de dudas e inserto en un mundo volátil y cambiante, choca entonces con los temores que lo hacen volverse a sí mismo y aislarse de todo y de todos.

Nos enfrentamos a ese laberinto de nuestro destino, pero uno que habita en nosotros –como expone Diamela Eltit en una muralla de la exposición- para liberarnos. “Esta vez no de la muerte violenta como destino, sino del re-conocimiento. Salir o entrar, salir y entrar, verse a sí mismo en el centro de un espacio cuyo desafío es sencillamente verse a sí mismo”, dirá.

Alicia Larraín va más allá y permite el viaje necesario en estos tiempos a nuestro interior. El colapso y la caída del sujeto posmoderno, que se ve expuesto a una crisis de sentido y de vacío total, busca salir de entre los barrotes.

Pero tal vez, las respuestas no se encuentran ahí afuera, más bien bastaría descifrar esas zonas no iluminadas de nuestra existencia que parecen confundirnos. “El sujeto parece ser un laberinto que no puede ser conducido desde un afuera porque sus coordenadas, en suma, están en su propio interior (…)”, así valora Diamela Eltit.

El libro de visitas, pleno de ejemplos de búsquedas y problematizaciones varias, es claro: “en el fondo no hay opciones”. El laberinto solo tiene una entrada y una forma de salir. No hay opciones, no hay albedrío, no hay libertad.

Es así que la muestra nos permite el reencuentro con los dilemas que cercan nuestra esencia, nos hace cuestionar todo aquello que de alguna forma nos constituye. Una muestra que apela a nuestra subjetividad, a lo que creemos –o creíamos- ser. Una muestra que en el fondo, más que decirnos “miren, esto es arte”, busca remecernos y hacernos pensar.

jueves, 17 de julio de 2008

Felipe Cantillana: "Miro para donde no miran los demás"



Se inició en la fotografía al ingresar al Instituto Profesional Arcos en el 2001. Luego, tomó un diplomado en artes visuales en la Universidad de Chile, donde logró especializarse. Ha trabajado en portales de internet, como locacionista en cine publicitario e incluso para diferentes revistas como “Caras”, “InFame”, “Extravaganza!”, “Contrapedal”, entre otras. Pero al independizarse tornó su carrera de lleno como freelance, donde logra hacer lo que le gusta. Con sus cortos 25 años, siente que la fotografía lo llena y le permite desarrollarse de manera plena. Sus planes a corto plazo contemplan exponer un proyecto que viene desarrollando hace un tiempo sobre músicos, y también una serie de fotografías que ha captado en la patagonia de nuestro país, donde ha encontrado una gran fuente de inspiración.


¿Qué es la fotografía para ti?
Es lejos mi mayor arma para comunicarme con el resto. Me llena de satisfacciones, me pone obstáculos, me permite conocer instancias, personas y lugares que de otra manera no tendría cómo.

¿Como fotógrafo, encuentras música, placer y/o vida en ella?
De todas maneras.

¿Fuera de la técnica, y desde tu mirada, en qué se diferencia la fotografía de otras artes?
Cuando empecé a tomar fotos, jamás se me pasó por la mente ver la fotografía como un arte. Pero con el tiempo, un poco más de conocimiento y unas pocas clases, pude ver la importancia histórica y también poner la foto a la par con prácticas tan nobles como la escultura o el diseño. Se diferencia, creo, en que la fotografía necesita un poco más de intermediarios que las demás artes para llegar a un resultado, sea éste cual sea, y obviamente también se diferencia en la realidad del mismo.


¿Qué identifica a un buen fotógrafo?
Son miles de factores, que no pasan ni por los equipos con los que trabajas, ni con la técnica que utilizas, sino más bien con el cómo te comportas frente a una foto, ya sea cuando la estás tomando, revelando, photoshopeando, etc. Es la dedicación y la concentración con la que trabajas la que te identifica.

¿Cuál fue tu primera inspiración?

Sinceramente no lo recuerdo; creo que fueron los paisajes. Pero incluso antes de trabajar en fotografía.

¿Qué es lo que caracteriza tu trabajo y lo distingue del resto?
La manera en que compongo, los lentes que ocupo, la post producción. qué se yo... un comentario muy recurrente que me han hecho distintas personas ha sido, y lo pongo textual: “weón, paso todos los días por ahí y nunca había visto esa wea". Creo que lo que me distingue es que miro para donde no miran los demás.


¿Qué opinas del panorama fotográfico chileno?
Hay de todo, pero en general Chile tiene excelentes fotógrafos/as para cada área (publicidad, arquitectura, retratos, documentales, etc.) y la mayoría son jóvenes y muy poco conocidos por el resto de la gente. Esperemos llegar algún día a alcanzar a países como Brasil o México, en términos de identidad fotográfica.

¿Existe un “boom” fotográfico en nuestro país (tanto amateur como profesional)?
De todas maneras. Es cosa de salir un fin de semana al San Cristóbal o cualquier lugar de Santiago para notarlo. Incluso más aún, con medios tan masivos como “Flickr”, donde de verdad puedes encontrar trabajos notables de personas que no se dedican 100% a la fotografía. En Chile hay fotógrafos muy buenos, sólo que muchos no logran imaginar esa magnitud.

Si pudieras darle un consejo a quienes pretenden dedicarse a la fotografía, ¿cuál sería?
Qué difícil aconsejar a alguien de esta manera! jajaja. El camino no es fácil, pero uno va quemando etapas y no te das ni cuenta cuando estás aquí. Tampoco llevo tantos años en esto como para atreverme a aconsejar a alguien que piensa dedicarse a la fotografía. Pero sí creo que es mucho más fácil involucrarse y convencerse viendo fotos que leyendo mis respuestas.




Sus fotografías en: http://www.flickr.com/photos/3999photos

miércoles, 16 de julio de 2008

Harold E. Edgerton: el hombre que detuvo el tiempo

A todos nos ha sucedido alguna vez, que al encontrarnos con el nombre de una persona, inmediatamente la asociamos con una fotografía en particular y asumimos que esta imagen representa y sintetiza en sí misma el conjunto de la obra de este personaje.


Éste es el caso de Harold E. Edgerton. Su obra más famosa: “Salpicadura de una gota de leche”, abrió el camino para aseverar el carácter científico que la fotografía podía lograr. Más que un fotógrafo, Edgerton fue un estudioso que por medio de su propia invención -el flash estroboscópico- ligó la ciencia a esta forma de arte. En la búsqueda por detener el tiempo sobre una imagen y poder observar lo que el ojo no es capaz de capturar debido a la velocidad, hizo descubrir la belleza desconocida que se desprende de los cambios de la materia.


El 19 de diciembre de 1937, los asistentes a la demostración realizada por Edgerton en el Bushnell Memorial de Massachusetts, quedaron perplejos, al contemplar unas imágenes que parecían ciertamente de ciencia ficción: choques y cruces de masas dinámicas en ambientes cotidianos, que no logran ser percibidos tan detalladamente.


La rapidez de los obturadores mecánicos fue lograda con cierta facilidad por la industria, permitiendo congelar la carrera de un objeto lanzado a toda velocidad o el momento en que un atleta da un salto y queda suspendido en el aire. Sin embargo, las mezclas poco sensibles de la época, y la fuente de luz natural impedían obtener resultados más avanzados a la hora revelar las imágenes.

Algo similar ocurre con el ojo humano, capaz de registrar hasta diez imágenes por segundo, las que son posteriormente recibidas y transmitidas al cerebro por la retina. Un movimiento más rápido de esa cadencia no puede ser retenido y la información que llega es parcial, siendo interpretada como una mancha más o menos borrosa. Esto genera ciertas dificultades, pues tanto en el mundo de la naturaleza como en el creado por el hombre, muchas cosas circulan deprisa. De ahí la trascendencia del hallazgo de Edgerton: su descubrimiento permitió ver lo que hasta entonces parecía invisible.

Este ingeniero siguió la senda de algunos precursores como el inglés William Fox Talbot y el norteamericano Edward James Muggeridge, quienes en vez de empeñarse en el desarrollo de obturadores más rápidos, se concentraron en lo verdaderamente trascendental de la fotografía: la luz.


En palabras sencillas, lo que se buscaba era lograr un destello tan breve que comenzase y se detuviera casi al mismo tiempo, reduciendo su duración a una millonésima de segundo. Edgerton desarrolló una batería de unidades de flashes electrónicos capaces de conseguir tales prestaciones y con ello logró desvelar unos sucesos y mecanismos que hasta ese entonces el hombre no era capaz de distinguir.


La brevedad de los destellos sincronizados eléctricamente era tal, que el sujeto más rápido quedaba literalmente congelado. Mientras el obturador permanecía abierto, al no haber ninguna otra fuente de luz, la película no se impresionaba. Una vez producido el flash, el obturador se cerraba, quedando registrado sólo lo sucedido en el brevísimo espacio de tiempo en que hubo luz.

Y es así como Edgerton descubrió la denominada “fotografía estroboscópica”: exponiendo al sujeto fotografiado a repetidos e intensos destellos de cortísima duración e impresionando las imágenes en una misma placa fotográfica.

Estos hallazgos encontraron de inmediato variadas aplicaciones, destacando su uso en las investigaciones científicas y bélicas, siendo trascendental una aplicación de su trabajo en las fotografías aéreas previas que determinaron grandes momentos de la historia, como por ejemplo el desembarco de Normandía.

The Clinic: ¿too much?


The Clinic es un medio irónico y sarcástico; con un humor negro y ácido que se ve reflejado en sus imágenes y complementado por frases rápidas y originales que impactan al lector.
Sus portadas ejemplifican la particular manera de entregar información: grandes fotografías e incisivos comentarios.

En su interior, los elementos visuales utilizan gran parte del espacio. Sin embargo, estas suelen ser rostros de los entrevistados o de quien trate el reportaje. Son solo una forma de vincularlo con el texto pero no agregan mayores datos a lo ya escrito.
Las fotos por lo general son en blanco y negro, excepto en las llamativas portadas y en los reportajes centrales.
Al tener poca publicidad no se interrumpe la lectura. Solo en las secciones de columnas se incluye mayormente el avisaje.

Los títulos son sugerentes, no responden a un afán puramente informativo o noticioso, más bien buscan seducir al público y obligarlo a leer el extenso contenido.
La agradable disposición de los artículos permite que la lectura no se interrumpa, sin perder el hilo humorístico o reflexivo del escrito.

El formato no tan exagerado como El Mercurio, ni tan maniobrable como una simple revista, hacen que leer The Clinic sea una experiencia más estimulante que lo que uno espera de una clínica.

martes, 15 de julio de 2008

Fuga hacia la libertad (1960)


Nadie mejor que Kyoichi Sawada nos pudo enseñar parte de la crudeza de la Guerra de forma tan conmovedora.


Aunque la foto, sacándola de su contexto, solo muestra una familia huyendo de algo o alguien. Al mirarla con dedicación, los rostros expresan un algo más.

La desesperacion de una madre y sus 4 hijos son un motivo no menor para detenerse a mirar. Lo desconocido de lo que escapan puede ser cualquier cosa, pero la mirada de quienes desamparados nadan para salvar sus vidas evidencia un gran miedo que no pasa desapercibido.

En gran parte el efecto de la foto sobre nosotros, sin desmerecer el acierto fotográfico, depende de la utilización del blanco y negro que otorga mayor dramatismo y dureza a la fotografía. Pues si hubiese tenido color, quizás no nos hubiesemos conmovido de esta manera.